Bishop's Statement on the Events at the Capitol

Bishop's Statement on the Events at the Capitol





Bishop Brown’s statement on the events that took place at the U.S. Capitol on January 6, 2021, the Feast of the Epiphany.

Beloved of God in Delaware:

Last week on the Feast of the Epiphany, one of the holiest, most sacred days of the Christian year, a group of American citizens stormed the US Capitol intent on overturning the recent election results. These people stormed in with violence and mayhem on their minds, bent on abducting our elected officials, bent on stopping them from doing their constitutional duty, bent on changing history to reflect their will. The fact is that their revolt, their riot, failed. And while we, as a country right now, are sitting in a time of increased fear and heightened anxiety because we don’t know exactly what to expect next, make no mistake — they failed. They failed because we, as American citizens, recognize and reject this kind of violence. We recognize and we reject this attempt to overthrow our elections. And we recognize as Christians that they failed because they failed in the very call of God to love. It is sadly ironic that a great many of those who stormed the Capitol prayed first to God, before they took this violent action.

Let us be clear. Work like this, actions like this, are not sanctioned by the living God, the God of love, by the Prince of Peace, our Lord and Savior Jesus Christ. Here in the Episcopal Church in Delaware, I want to make clear that we repudiate this kind of action, not only because it stands against our democratic values as American citizens, but because it stands against our values as children of God, to love one another and to stand for what is true and good and right. In a time like now, when there is heightened anxiety and heightened concern, when we feel a kind of tempest blowing around us and the sea seems to be roiling, we can ask what is it that we are supposed to do? What do we do in a time like this? I think it’s absolutely essential in our lives, when we feel the most at loss, to remember the basics— remember who we are and remember whose we are.

We are baptized in the life and death of Jesus Christ, and we belong to him, and we were sealed as Christ’s own forever. So as you contemplate what it is that you are to do as a faithful citizen of this democracy and a faithful citizen of the Kingdom of God, remember that Christ is your Lord and to Him, to the Prince of Peace, to a God of love, you owe your deepest allegiance.

So a couple of things for us to remember, to guide us, to set our compasses north towards the living God: remember that Jesus taught us to love our neighbor. By that I hope to remind us in this very difficult moment to not look and see the very worst in what other people are doing and assume that that is the very worst in all of us. Remember that those people who stormed the Capitol, as wrong as what they did was, they do not represent the great majority, the vast majority of the American people. And if you disagree with them politically, be careful not to paint all of your political adversaries with the same brush as those who stormed the Capitol. We must be careful. Let us not take the worst in what we see and assume that that small minority applies to a great majority. That is part of loving our neighbors, seeing the good, looking for the good in one another. May we stop looking for the worst of motives in each other and start looking for the best.

Secondly, I call on us all to pray and to pray like we mean it, pray like it matters. Listen for God, and then act. Prayer is never a substitute for acting, but prayer is a prerequisite for doing, for deciding, and for knowing what to do next, because action is demanded.

As an American citizen, it is important that we stand up for fairness, for truth, and for justice — justice for all Americans. It is important as Christians that we stand up and speak out for love and for justice with mercy and compassion, and for the good of and dignity of all human beings. God is going to call on you and place something on your heart to do, and that is good and right. And as you are considering how to act, my sisters and brothers, remember to pray and listen, listen for the voice of God. God will point you where to act and will show you the way.

Remember this, that when we speak about the peace of Christ, we never are saying that we will live in a world where there is no tempest, where there is no storm. Rather the peace of Christ means that in the midst of a storm, in the midst of a tempest, we will not forget that God is with us. Remember who you are and whose you are. Look good upon your neighbor. Don’t assume the worst. Be ready to act, but first pray and look for the hand of God in what you are called to do. And remember that if you go forward, you go forward in love, then you do indeed go forward with God.
May the peace of Christ, my sisters and brothers, be with us always.

Bien amados de Dios en Delaware,

La semana pasada, durante la fiesta de la Epifanía, el Día de Reyes, uno de los mas santos y sagrados días del año Cristiano, un grupo de ciudadanos americanos se adentró en el Capitolio de Estados Unidos para hacer un golpe de estado y anular los resultados de las elecciones presidenciales.  Estas personas llegaron con violencia y caos en sus mentes, con la intención de secuestrar nuestros oficiales elegidos, con la intención de impedirles cumplir con su deber constitucional, con la intención de cambiar la historia de acuerdo con su voluntad.  El hecho es que fue un intento fallido. Y a pesar de que, como país, estamos en un momento de miedo y ansiedad profundas porque no sabemos exactamente que esperar, debemos entender que ellos fracasaron.  Y ellos fracasaron porque nosotros, como ciudadanos americanos, reconocemos y rechazamos este tipo de violencia.  Nosotros reconocemos y rechazamos este intento de anular nuestras elecciones.  Y nosotros reconocemos como cristianos que ellos fracasaron porque ellos fallaron en escuchar el llamado de Dios al amor.  Es muy triste e irónico saber que muchos de los que invadieron el Capitolio “rezaron” a Dios primero antes de actuar con tal violencia.

Seamos claros.  Este tipo de trabajos, de acciones, no son aprobadas por el Dios viviente, el Dios del amor, el Príncipe de la Paz, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Aquí, en la Iglesia Episcopal de Delaware, yo quiero ser muy claro de que repudiamos este tipo de acción, no solo porque esta en contra de nuestros valores democráticos como ciudadanos americanos, pero porque esas acciones están en contra de nuestros valores como hijos de Dios, el amarnos los unos a los otros y el levantarnos a defender lo que es verdad, es bueno y es justo. En estos tiempos, hay mucha ansiedad y preocupación, cuando sentimos que la tempestad y el mar que nos acosan a nuestro alrededor se están fortaleciendo, podemos preguntarnos, qué es lo que debemos hacer? Qué hacemos en tiempos como estos? Creo que es absolutamente esencial en nuestra vida, que cuando nos sentimos derrotados, recordemos lo mas básico – recordar quienes somos y recordar a quién le pertenecemos.

Fuimos bautizados en la vida y muerte de Jesucristo, y le pertenecemos, y fuimos sellados como seres de Cristo por siempre. Así que al contemplar lo que podemos hacer como ciudadanos de esta democracia y como ciudadanos leales al Reino de Dios, recordemos que Cristo es nuestro Señor y al El, Príncipe de la Paz, al Dios del Amor, le debemos nuestra alianza mas profunda.  Entonces, un par de cosas que recordar, para guiarnos, es tener nuestro compás apuntando al norte de nuestro Dios viviente: recuerden que Jesús nos enseñó a amar al prójimo. Y así espero recordarles que en este momento difícil no debemos mirar solo lo peor que la gente hace y asumir que eso refleja lo peor de nosotros mismos. Recuerden que aquellos que atacaron el Capitolio, no importa cuán equivocados estaban, ellos no representan la gran mayoría del pueblo americano.  Y si ustedes no están de acuerdo con ellos políticamente, tengan cuidado de no pintar a todos sus adversarios políticos con la misma brocha de los que atacaron el Capitolio. Debemos ser cuidadosos. No nos enfoquemos en creer que lo peor que vemos en esa minoría aplica a la mayoría de la gente. Esta realización es parte del amor al prójimo, en ver la bondad, en buscar lo bueno en cada uno de nosotros.  Dejemos de buscar lo peor en las motivaciones de la gente y mas bien comencemos a buscar lo mejor.

En segundo lugar, quiero hacer un llamado a la oración para pedir de corazón como algo que nos importa.  Escuchar a Dios y luego actuar.  La oración nunca es un substituto para el actuar, pero la oración es un prerrequisito para hacer, para decidir, y para saber qué hacemos cuando somos llamados a tomar acción. Como ciudadanos americanos , es necesario apoyar lo justo, la verdad y la justicia – justicia para todos los americanos. Es importante como cristianos que defendamos el amor y la justicia con piedad y compasión, por el bien y la dignidad de todos los seres humanos. Dios te va a llamar y va a poner algo en tu corazón para hacer, y eso será bueno y justo. Y cuando consideren como van a actuar, mis hermanas y hermanos, recuerden orar y escuchar, oír la voz de Dios. Dios les va a señalar en donde actuar y como actuar.  Recuerden esto, que cuando hablamos de la paz de Cristo, nunca decimos que viviremos en un mundo que no será tempestuoso, que no tendrá tormentas. Mas bien, la paz de Cristo significa que en el medio de la tormenta, no nos olvidamos que Dios está con nosotros.  Recuerden quienes son y a quién le pertenecen. Miren con bondad a sus vecinos.  No asuman lo peor.  Estén listos para actuar, pero primero recen y busquen la mano de Dios en lo que son llamados a hacer.  Y recuerden que si hacen marcha hacia adelante, lo hagan con amor, porque así de veras que caminan con Dios.

Que la paz de Cristo, mis hermanas y hermanos, esté con ustedes por siempre.

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