Crisis at the Border






[text for Crisis on the Border Message from the Rt. Rev. Kevin S. Brown, 6/20/18]

 

There is a humanitarian crisis brewing on the border. A crisis where migrants and asylum seekers are looking for new opportunity and for hope, but they have found themselves stopped and their families forcibly separated. Here is a startling statistic: in just a six-week period, over 2,000 children were forcefully separated from their parents and were often housed in chain link rooms — basically cages. This type of treatment of our fellow human beings is not happening in a far off land torn by famine or war. It is happening at our own southern border. And, treating human beings as you might treat animals is inhumane and that is the definition of what it means to be inhumane. It is happening right here and it is the creation of our own policies in this nation. I, like so many of you, have been shocked and appalled at the images that I have seen and the audio that I have heard. Heard done in the name of our government and of policy.

The argument that I hear offered is that it is legal. That this is the best and most effective way to curb illegal immigration. There is no one that I have met, who cares about immigration, that thinks the current system is perfect or is even good. It is well understood that it needs to be fixed, and that is a healthy argument and a healthy disagreement. What we should all agree on, all of us, is what it means to treat one another with the basic dignities of humankind.

The first question we must ask about something is not whether or not it is legal. We must ask whether or not it is good. As followers of Jesus Christ we must ask,  “Is this good? Is it right? Is it of the loving God?” It wasn’t too far in our nation’s history when it was legal to separate children from their parents on a slave auction block because all were considered legal property. It wasn’t that long ago in the United States when it was legal to put Japanese Americans in internment camps during World War II for the protection of this nation. Both of these things were considered legal and neither was right.

When you hear language of zero-tolerance, I encourage you to be very wary because people of grace, people who believe in a God of forgiveness, and people who believe in a God of second chances do not talk about zero-tolerance. Zero-tolerance is a language of legalism and is not the language of grace. When Jesus and his disciples were plucking grain to eat because they were hungry on the Sabbath, it was the language of zero-tolerance, from the Pharisees, who got angry with them. When Jesus went further and healed a man on the Sabbath, it was the language of zero-tolerance, from the Pharisees, that increased their anger so much that they began to conspire against him.

We may disagree on how to repair immigration. We must not disagree on what it means to offer basic human dignity to our fellow human beings. Call your elected officials and let your voice be heard. Whether you are a Democrat or Republican, stand up. Find a protest, as both sides are planning to offer various ways of making their voices heard. Use this opportunity to speak up as an American and as a Christian to express that this is not the way we behave. This humanitarian crisis is one of our own creation and it is one that we can end.

As always, pray and listen. Listen closely for the Holy Spirit speaking in your life and share the good news. Remind the world and the people around you that Jesus Christ brought a message of hope, of liberation, and of peace. We are lights of Christ  and in us we can share good news to a world eager to hear it.

 





[Texto del mensaje sobe La Crisis en la frontera, 6/20/18]

 

Hay una crisis humanitaria gestándose en la frontera. Una crisis en la cual inmigrantes y buscadores de asilo quieren una nueva oportunidad y una esperanza, pero se sienten detenidos y sus familias separadas a la fuerza.  Veamos las estadísticas que son sorprendentes: en tan sólo un período de seis semanas, más de 2,000 niños y niñas fueron separados bruscamente de sus padres y con frecuencia hospedados en cuartos con rejas, prácticamente en jaulas. Este tratamiento así a nuestro prójimo no lo estamos viendo en una tierra lejana en tiempo de hambruna o de guerra.  Esto está sucediendo en nuestra propia frontera sureña.  Y dar tratamiento a seres humanos como si se tratara de animales es inhumano y por definición es lo que significa ser inhumano.  Eso está sucediendo aquí y es la creación de nuestra propia política en este país.  Yo, como muchos y muchas de ustedes, estoy alarmado y trastornado por las imágenes que he visto y por lo que he oído. Lo que escucho que se hace en el nombre de nuestro gobierno y de nuestra política.

El argumento que escucho es que esto es legal. Que esto es lo mejor y la forma más efectiva de controlar la inmigración ilegal. Yo no he conocido a nadie, que le importe la inmigración, y que piense que el sistema en vigencia es perfecto o que incluso es bueno. Se sobreentiende que necesita arreglarse, y que es un argumento sano y un desacuerdo sano. En lo que todos deberíamos estar de acuerdo es en tratarnos el uno al otro con la dignidad básica de nuestra humanidad.

La primera pregunta que debemos hacernos sobre cualquier cosa no es, si se trata de algo que es o no es legal. Debemos preguntarnos si es o no es bueno.  Como seguidores de Jesucristo debemos preguntarnos, “¿Ésto es bueno? ¿Ésto es correcto? ¿Se trata acaso de algo que viene de un Dios de amor?”  No hace tanto tiempo que en la historia de nuestra nación sí era legal separar a niños de sus padres en una subasta de esclavos porque todos eran considerados propiedad legal.  No hace tanto tiempo que en los Estados Unidos era legal poner a los americanos japoneses en campos de internamiento durante la segunda guerra mundial para la protección de esta nación. Ambos ejemplos eran considerados legales y ninguno de los dos era lo correcto.

Cuando ustedes oyen hablar de cero-tolerancia, yo los invito a que se pongan en guardia porque la gente que vive en la gracia, la gente que cree en un Dios del perdón, y la gente que cree en un Dios que ofrece segundas oportunidades, no es gente que habla de la “cero tolerancia.”  La “cero tolerancia” es un lenguaje legalista y no es el lenguaje de la gracia. Cuando Jesús y sus discípulos arrancaron espigas de trigo para comer, porque tenían hambre en el Sabbath, ése era el lenguaje de la “cero tolerancia”, según los fariseos, el cual aumentaba su rabia al punto de que comenzaron a conspirar contra él.

Podríamos no estar de acuerdo en cómo arreglar el problema de la inmigración. No debemos estar en desacuerdo sobre lo que significa básicamente tratar con dignidad a nuestra humanidad hermana. Llamen a sus oficiales electos y dejen que su voz sea escuchada.  Ya sean Demócratas o Republicanos, pónganse de pie y protesten, pues los dos partidos están planeando ofrecer varias formas de que sus voces se escuchen. Usen esta oportunidad de hablar como americanos y americanas y como cristianos para expresar que ésta no es forma de comportarse.  Esta crisis humanitaria es creación nuestra y por lo tanto la podemos terminar.

Como siempre, recen y escuchen.  Escuchen con cuidado al Espíritu Santo hablándoles en su vida y compartan las buenas nuevas.  Recuérdenle al mundo y a la gente a su alrededor que Jesucristo nos trajo un mensaje de esperanza, de liberación y de paz. Somos las luces de Cristo y a través de nosotros podemos compartir las buenas nuevas a un mundo ansioso de oírlas.


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